HISTORIA DE LA VERDADERA IGLESIA ORTODOXA  RUSA

Los orígenes de la Ortodoxia en Rusia
 
Según la piadosa tradición, el santo y glorioso apóstol Andrés, el Primer Llamado, predicando el Evangelio, llegó hasta las colinas de lo que posteriormente sería la gran ciudad de Kiev. Sin embargo, habría de transcurrir casi un milenio antes de que el cristianismo echara raíces firmes en aquellas tierras.
En el año 954, la santa princesa Olga de Kiev recibió el santo bautismo; mas fue su nieto, el santo príncipe Vladimiro, quien, mediante su bautismo en el año 988, estableció de manera definitiva la fe ortodoxa como religión principal de la Rus’.
La santa fe ortodoxa creció y floreció a lo largo del Imperio ruso, constituyéndose en principio de unidad en la vida del pueblo. La Iglesia no solo proporcionaba fortaleza y alimento espiritual a sus fieles, sino que también se convirtió en fuente de iluminación y formación. Así, la Iglesia Ortodoxa Rusa llegó a ser parte inseparable de la vida del pueblo y del propio ser de Rusia.
El notable crecimiento y estabilidad de la Iglesia condujeron al establecimiento de un patriarcado propio dentro de la Ortodoxia, siendo el metropolitano Job de Moscú elevado a la dignidad de primer patriarca de Rusia en el año 1589. Tras la muerte del patriarca Adrián en 1700, la Iglesia permaneció sin patriarca por más de dos siglos. Por disposición del zar Pedro I, se instituyó en 1721 una forma de gobierno colegiado, el llamado Santo Sínodo Gobernante, que perduró hasta el año 1917, cuando el Concilio Panruso restauró el patriarcado y eligió al metropolitano Tijón de Moscú como patriarca.
 
La Ortodoxia en Rusia a comienzos del siglo XX

El gozo suscitado por la elección del patriarca Tijón fue efímero, pues Rusia entró en uno de los períodos más dolorosos de su historia. Los bolcheviques, que tomaron el poder en 1917, consideraban a la Iglesia Ortodoxa Rusa como un enemigo que debía ser destruido con la misma determinación que la institución zarista.
En aquellos años se desató una severa persecución contra la Iglesia, acompañada del encarcelamiento de numerosos obispos, presbíteros, monjes y fieles laicos. El propio patriarca Tijón sufrió prisión durante más de un año. Al recuperar su libertad, halló a la Iglesia profundamente herida por divisiones internas y sometida a creciente hostilidad por parte del poder civil.
A pesar de ello, permaneció como principio de unidad para el pueblo fiel y defendió con firmeza la fe y la tradición eclesial. No obstante, el peso de tales tribulaciones afectó gravemente su salud. Su fallecimiento en 1925 constituyó un golpe severo para la estabilidad de la Iglesia y la Ortodoxia en Rusia.


La Iglesia en la era posterior al patriarca Tijón


Tras la muerte del patriarca Tijón, la Iglesia Ortodoxa Rusa se vio sumida en la confusión y la inestabilidad. Los sucesores designados fueron arrestados por las autoridades civiles, y el metropolitano Sergio fue nombrado locum tenens del trono patriarcal.
En 1927, el metropolitano Sergio emitió una declaración formal exhortando a la lealtad hacia el gobierno soviético. Este acto provocó una profunda división en el seno de la Iglesia, afectando a la jerarquía, al clero y a los fieles, y dio origen al movimiento que sería conocido como la Iglesia Ortodoxa Verdadera en Rusia (RTOC).
Quienes se opusieron al metropolitano Sergio no solo rechazaban sus concesiones de carácter político —consideradas por ellos excesivas—, sino que también discrepaban en cuestiones canónicas y teológicas. La estrecha colaboración de Sergio con las autoridades civiles permitió la persecución de aquellos jerarcas y clérigos que se mantenían en desacuerdo con él.
Aunque la llamada Iglesia Ortodoxa Verdadera no constituyó una organización única y centralizada, muchos de sus miembros fueron denominados “josefitas”, en referencia al metropolitano José de Leningrado, cabeza de su principal corriente.
Una parte considerable de la Iglesia en Rusia adoptó la posición de resistencia, manteniéndose fiel a lo que consideraba la auténtica tradición ortodoxa. No obstante, la oposición se mantuvo principalmente en el ámbito eclesial. A pesar de los esfuerzos por observar las leyes vigentes, la represión no cesó. Las autoridades civiles intervinieron activamente en el conflicto, empleando todos los medios necesarios para someter a la jerarquía eclesiástica a la obediencia del metropolitano Sergio.
Como consecuencia de ello, numerosas diócesis y comunidades de la Iglesia Ortodoxa Verdadera se vieron obligadas a vivir en la clandestinidad durante todo el período soviético.
 
La salida de la clandestinidad y la restauración de la Iglesia Ortodoxa Verdadera Rusa – Metrópolis de Moscú (RTOC-MM)

Durante las décadas de 1970 y 1980, muchas comunidades de la Iglesia Ortodoxa Verdadera habían perdido a sus últimos obispos y gran parte de su clero, viéndose obligadas a subsistir e incluso celebrar los oficios divinos en ausencia de presbítero.
Con los cambios políticos de finales del siglo XX, la Iglesia comenzó a emerger de la clandestinidad. Las diversas comunidades resolvieron su situación de distintos modos: algunas se integraron en la Iglesia Ortodoxa Rusa en el Extranjero; otras restauraron su jerarquía mediante acuerdos con diferentes jurisdicciones. La Iglesia Ortodoxa Verdadera Rusa – Metrópolis de Moscú optó por esta última vía.
En 1996, un grupo de clérigos y fieles ortodoxos rusos se dirigió al patriarca Dimitriy de la Iglesia Ortodoxa Autocéfala Ucraniana, solicitando su ayuda para la restauración canónica de una jerarquía. Se determinó que la Iglesia restaurada llevaría el nombre de Iglesia Ortodoxa Verdadera Rusa.
En junio de 1996, con la bendición del patriarca Dimitriy, el arzobispo Román y el obispo Mefodiy ordenaron al hieromonje Juan como obispo, con el fin de restaurar la sucesión apostólica. En diciembre del mismo año, fueron consagrados nuevos obispos, asegurando así la continuidad jerárquica de la Iglesia.
En el año 2000, la Iglesia añadió oficialmente a su nombre la designación “Metrópolis de Moscú”, a fin de distinguirse de otros grupos existentes en Rusia.
Hasta el año 2011, la Iglesia estuvo bajo la guía del metropolitano Vyacheslav, venerado como padre espiritual, quien sufrió una muerte violenta a consecuencia de las heridas recibidas.
En la actualidad, la Iglesia es presidida por el metropolitano Alexy, Primer Jerarca de la Iglesia Ortodoxa Verdadera Rusa – Metrópolis de Moscú y arzobispo de Minneapolis y Chicago. Reside en los Estados Unidos de América y atiende pastoralmente a los fieles en diversas regiones del mundo. Existen diócesis en Rusia, Ucrania, América del Sur y una diócesis dedicada al rito occidental.
La Iglesia se esfuerza por vivir conforme al Santo Evangelio de Nuestro Señor, Dios y Salvador Jesucristo, permaneciendo fiel a las Sagradas Escrituras, a la Santa Tradición, a los cánones de los Santos Concilios Ecuménicos y a las disposiciones de los concilios de la Iglesia. Su propósito es servir a sus fieles, ofreciéndoles alimento espiritual con caridad, compasión y discernimiento.

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